Edición   |  Quienes somos    Contáctanos    Regístrate    Cómo publicar en Reeditor
Últimas etiquetas:   Escritores   ·   Periodismo   ·   Lectores   ·   Donald Trump   ·   Reseña   ·   Libros   ·   Inteligencia Emocional   ·   Crecimiento Personal   ·   Neoliberalismo   ·   Globalización


El Monte Tabor, el Ombligo del Cristianismo Mundial


Inicio > Cultura
24/11/2015


799 Visitas



Para el cristianismo moderno, muy marcado por el reino de las apariencias y de las sombras, Roma parece ser su centro de Poder y de Inspiración, su razón de ser, unos para estar a favor, otros para estar en contra. Pero para los iluminatis entre los cristianos, los más instruidos y experimentados en la mística de esta religión, el Ombligo o el canal de su fuerza y de su luz es El Monte Tabor.


Justamente la palabra hebrea tavor o tabor significa Ombligo, y allí, en ese punto geográfico del medio oriente, a pocos kilómetros de Nazaret y del lago de Genesaret, se produjeron eventos espirituales de importancia enorme. Que gravitan en toda la conciencia colectiva de las distintas iglesias cristianas. Sin la figura pasiva del monte Tabor como testigo y como centro magnético de misteriosas energías no existiría cristianismo alguno en la historia de los hombres.

Jerusalén y Roma han tenido demasiado protagonismo y pantalla en la historia humana y el monte Tabor ha pasado casi desapercibido para las gentes y para el ojo de los medios de prensa y televisión. Lo mismo ha sucedido con los monjes del monte Athos de Grecia. Y ya es bueno superar esa injusticia en nombre de una profundización en la cultura cristiana.

El monte Tabor no es solo el lugar de aquella revelación de la divinidad luminosa del Hijo de Dios delante de tres de sus más avanzados discípulos, Juan, Pedro y Jacobo el mayor. Es el punto geográfico que Dios y Jesucristo escogieron para iniciar la misión universal de los apóstoles y de la iglesia cristiana. Fue en el Monte Tabor donde Jesús resucitado envió a los apóstoles a bautizar y a enseñar a todos los pueblos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y les prometió que les acompañaría con su presencia invisible pero real a través de todos los siglos.

Fue en el monte Tabor donde Jesús acostumbraba a subir a orar en las madrugadas, saliendo de Nazaret a buscar el rostro y la comunicación supra-consciente con su Padre Divino en la soledad. Desde su cumbre se ve el mar o lago de Tiberiades, y el otro monte sagrado, el Carmelo. Está a pocos kilómetros de Nazaret, y a otros tantos de ese mar o lago de la pesca milagrosa, de la caminata prodigiosa sobre las aguas, de los eventos milagrosos de la multiplicación de los panes, y del mandato sobre los vientos que pusieron fin a una poderosa tormenta sobre las olas del lago.

En ese silencioso testigo de piedra quedaron grabadas las palabras solemnes del Padre que ordenó a los discípulos “Este es mi Hijo Amado, en quien tengo mi complacencia, A EL OID”.

En ese lugar la muerte demostró ser impotente para detener a la luz divina y a los profetas, al aparecer sobre su cumbre las figuras resplandecientes de las almas de dos grandes profetas, Moisés y Elías. Profetas cuyos cuerpos jamás fueron encontrados, por haber sido exaltados y transformados en luz,  como Enoc. A ellos se unió el Jesús resucitado y glorioso al finalizar su misión y transferirla a sus hijos espirituales.

Al rasgarse el velo del templo de Jerusalén en coincidencia significativa con la muerte de Cristo en la cruz, la Shekinah o la gloria invisible de Dios que habitaba en el templo de Jerusalén, salió del lugar santísimo, se unió con el alma de Jesús de donde había surgido y se trasladó al  monte Tabor, pues el mismo Cristo había dicho a la samaritana que Jerusalén ya no sería el centro u ombligo de los buscadores de Dios. “Mujer, créeme, la hora viene cuando ni en este monte (Gerizim) ni en Jerusalén adorareis al Padre, vosotros adoráis lo que no sabéis, nosotros adoramos lo que sabemos, porque la salvación viene de los Judios. Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu y los que le adoran, en espíritu y en  verdad es necesario que le adoren”.

De allí que la Shekinah o la divina presencia se retiró del templo de Jerusalén y se fue al monte Tabor y Cristo envió desde ese lugar sagrado a sus apóstoles a todas las naciones, sin quedar obligados a peregrinar cada año a Jerusalén como era antes, ni tampoco al Tabor. Así el Dios Omnipresente se nos da a conocer en la persona de Jesús en el mundo entero. Y su Shekinah, que es Jesús mismo, nos acompaña en este peregrinar por el espacio tiempo y por las galaxias en el futuro lejano.

La Shekinah o la gloria de Dios se ha aparecido a través de los siglos como una nube luminosa que envuelve a los que buscan a Dios y los lleva en visión espiritual a la contemplación del rostro del Padre o al conocimiento del futuro o de algún evento a distancia. O bien se manifiesta para hacer oír su voz o sus mandamientos. Aunque ordinariamente se manifiesta solo a la mente de quien busca, en ocasiones llega a ser una neblina o nube material que se concentra en un lugar que se usa para invocar a Dios.

En la historia de Israel se manifestó en la cumbre del monte Sinaí, luego sobre el Arca del Tabernáculo en el camino a la tierra prometida, luego en el acto de consagración del Templo de Jerusalén, como respuesta a la plegaria del Rey Salomón. Finalmente la Biblia registra en el Nuevo Testamento varias manifestaciones de la Nube Luminosa. Una es la del Monte Tabor, otra en el monte de los olivos, durante la Ascensión del Señor a los Cielos, y la última en una visión de san Juan en el capítulo 10 del Apocalipsis. Donde se describe a un poderoso ángel de fuego que desciende del cielo envuelto en una nube.

Desde luego esta Shekinah, con la cual Jesús es Uno, también acompañará a Cristo en la Segunda Venida, cuando, usando el lenguaje apocalíptico de Daniel 7,13-14, Jesús descenderá a la tierra caminado sobre las nubes y todo ojo le verá.

Así las cosas, este Tavor o Tabor, ombligo u onfalos del cristianismo, es el lugar predilecto de la meditación de los grandes místicos del cristianismo, que de cerca o de lejos, se concentran en aquella montaña para vivir interiormente la misma experiencia de los tres apóstoles, y la de los Once que vieron a Jesús resurrecto en la cumbre de esa montaña. Y así ha sido por los siglos.

San Gregorio Palamas, monje del monte Athos, fue quien sistematizó teológica y racionalmente la doctrina de quienes buscan dicha visión de la Luz Increada en la cumbre espiritual del Tabor, y lo hacen meditando primero en su propio ombligo, y una vez lograda la calma (hesicasmia) se concentran en el corazón, y allí encuentran el reino de Dios y la Luz Omnipresente del Padre. Esa es la esencia del Yoga Cristiano de la tradición occidental.

 

 



Etiquetas:   Religión   ·   Historia
Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

2 comentarios  Deja tu comentario


Fernando J. Ruiz, Gracias por sus artículos. Soy reciente seguidor suyo desde que le oí en una entrevista radiofónica realizado por Pablo Veloso para su programa sobre el Hesicasmo.


Fernando Edmundo del Cármen Laredo Cárter, Escritor En el Evangelio de San Mateo 28,16 se nos informa que los Apóstoles tuvieron que viajar al monte Tabor para ver y hablar con Jesús resucitado y recibir la misión mundial de enseñar a todas las naciones los caminos de Cristo.









Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
15013 publicaciones
3976 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora