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Apocalipsis o el Quinto Evangelio.


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24/11/2014

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Este enigmático libro que pone punto final a la Biblia es una maravilla de mensaje que no tiene nada de catastrófico o de duro para los que saben, es decir, para los Maestros del Conocimiento, a la altura de un Gurdjieff o de un Rene Guenon o de un Julius Evola. O finalmente un Pablo Cohelo.


Muchos andan buscando las claves secretas del cristianismo en fuentes externas como los evangelios apócrifos, o en la India, o en el Lamaismo tibetano, pero no han mirado con la atención debida al mismo libro de Revelaciones de Juan y a la Biblia como totalidad y como un cuadro con sentido histórico y meta-histórico. Evangelio es un vocablo griego que significa Buena o Alegre Noticia.

Los cuatro evangelios son en realidad cuatro puertas al conocimiento de la persona divina y humana de Jesucristo, pero en sí mismos son visiones incompletas del misterio del origen y del trabajo cósmico de aquel maestro Galileo de trágico final y de gloriosa resurrección y exaltación a la diestra del Padre. Son evangelios de raíz histórica con elementos sobrenaturales que apuntan a una realidad meta-histórica, descrita con magistrales palabra en el Apocalipsis.

Por eso es que hacía falta exponer a los cristianos y al mundo el quinto elemento o la  quintaesencia de esa profunda doctrina enseñada por el Mesiaj de Nazaret. Esa doctrina quinaria o de unión de los cuatro elementos con el Centro Quinario Trascendente esta precisamente en el mismo texto del Apocalipsis, en el capítulo 4.

Allí se nos describe a cuatro seres misteriosos con seis alas de muchos ojos que tienen rostros de Aguila, Leon, Toro y Ángel u Hombre. Es la forma clásica de representar a los cuatro elementos espirituales de la naturaleza, los tatvas indios, de la filosofía cuaternaria de Empédocles y la quinaria de Platón.

El Aguila corresponde al Aire, Y a Hera. El León corresponde de al Fuego y a Zeus, el Toro corresponde a la tierra y a Edoneo, y el Ángel-Hombre al Agua y a Nestis. Esa nomenclatura griega es la de los cuatro dioses que conforman el universo según Empédocles, quien era pitagórico, vidente, médico y taumaturgo. Algo parecido al Exorcista y Sanador de Galilea.

Estos seres omniscientes se mueven en torno de un Quinto Ser Sentado en un Trono. El Onmipotente Señor de los Cielos y de la tierra, de todo lo visible y de lo invisible. El Padre,. El dueño y Señor de los destinos de los pueblos y de la Historia. El Único que Es, el Absoluto Ser Eterno.

Ya el profeta Ezequiel en su libro nos menciona esa división cuaternaria y quinaria del universo al describir la Merkaba o el Carro de Dios en manifestación, con los mismos cuatro seres ya descritos, desde unos 600 años antes de que Juan escribiera su famoso libro. Léase Ezequiel cap. 1, el cap. 10 y el 37. En el 37 se menciona el Espíritu de los cuatro puntos cardinales del cielo que es convocado  por el profeta que obedece la orden de un Quinto Ser que le habla y que manda aparecer la vida en medio de la muerte.

Y también en el mismo libro de Ezequiel se describe un gran santuario cuadrado que tiene un centro-altar divino, imagen preparatoria a la descripción de la Nueva Jerusalén del mismo Apocalipsis. Esa ciudad dorada también es descrita con otros detalles en el cap. 60 de Isaías. Y Juan precisa y desarrolla ese cuadro arquetípico de la nueva humanidad, del nuevo hombre en Cristo, descrita en Apocalipsis 21 y 22.

Las plagas de castigo para los pecadores y los emperadores del mal son ampliaciones de las 10 plagas de Egipto, el fruto natural de la ruptura de los hombres a los preceptos de la divina ley. Si la gente hubiese leído con atención el libro del Exodo no se asustaría tanto. Son los mismos cuadros de los castigos para el Faraón expandidos a escala mundial.

Y no es para sorprenderse, pues todos somos testigos históricos de las caídas de los imperios de la tierra por no respetar la vida natural ni la humana. La muerte,  la peste, el hambre, la guerra, los cuatro jinetes del apocalipsis nos acompañan siempre, por nuestra propia culpa. Es el karma de producido por los pecados humanos. Los mismos pecados y sus consecuencias a través de los siglos.  

Los ángeles y Cristo trabajan para propagar el Evangelio Eterno y para castigar a los pecadores, pero la rebelión de los humanos es general y notoria. Y sin embargo a pesar de la oscuridad y del dolor reinante va surgiendo un nuevo pueblo de Dios, una nueva Israel. Doce tribus, de las cuales ya diez estaban extinguidas en la época de Jesús, surgen nuevamente en el escenario de la historia y del alma universal.

Esos son los 144.000 escogidos y la muchedumbre de seres humanos de toda lengua, pueblo y nación. Son la Iglesia glorificada e inmortal. Vestidos de túnicas blancas alaban a Su Creador, el Padre Supremo, y a Jesús el cordero de Dios que lavó a sus discípulos y seguidores con su sangre en toda la tierra. La muerte y la maldad, el demonio y sus ángeles han sido derrotados en la batalla de Armagedón por los hijos de la Luz y por el Fuego de Dios que ha bajado del cielo cuando todo parecía perdido.

Es sin duda, un mensaje de esperanza, un quinto evangelio, una síntesis doctrinal,  que completa la revelación de los otros cuatro evangelios. Dios es el Poder Real detrás de la historia de los pueblos. Los hombres creen que ellos hacen la historia y no ven el Poder Invisible que los mueve, ya sea el de los ángeles de la luz para bien o el de los ángeles de la oscuridad para mal.

Y además, este sello de esotéricos significados, contiene una serie de datos numerológicos de índole kabalístico y pitagóricos, que permiten un estudio más acabado de la índole de los poderes que obstaculizan al alma humana y su desarrollo y de la naturaleza de los poderes que pueden ayudar a los seres humanos a descubrir su esencia angélica, su raíz en el ser de Dios. Tal es el caso del número 666, que encierra el nombre de Cesar Nerón en hebreo. Y los 144 codos de la medida del muro de la Nueva Jerusalen, que es medida de un ángel, y medida del hombre trascendido a un nivel de  ser más alto.

Nadie escapa al Juicio de Dios ni a lo que está anotado en la memoria cósmica, simbolizada en los grandes libros que se abren en la Presencia del Juez Universal. A pesar de las apariencias contrarias Dios, como Padre, Verbo eterno y Espíritu Santo gobierna la historia de todos los hombres y de cada ser humano. No en vano la Nueva Jerusalén, imagen del hombre nuevo, lleva en su interior el árbol de la Vida y la Energía vigorizante de los ríos de agua pura del paraíso. Un excelente libro de sabiduría para leer, orar y reflexionar.

 



Etiquetas:   Religión   ·   Biblia   ·   Historia Universal
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