La idea revisionista de que el rescate es el problema, y no los excesos en el sistema financiero, simplemente impresionan a los que vimos surgir la crisis financiera en 2007, cuando dos fondos de cobertura de Bear Stearns que especulaban sobre valores hipotecarios se fueron para abajo, y llegaron a un punto culminante en septiembre del 2008, cuando Lehman Brothers quedó en bancarrota. Muchos en el mundo financiero aplaudieron la decisión de Washington de dejar caer a Lehman, pero ese aplauso fue rápidamente reemplazado por los miedos, pues las consecuencias no previstas de la bancarrota se hicieron ver.



