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Ilusiones y Verdades en torno del Amor-Dios


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24/07/2014


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Casi todos los creyentes piensan y aceptan que Dios es Amor, según las palabras de la Primera Epístola del Apóstol Juan. Pero la palabra Amor tiene diversas cargas conceptuales y emocionales que no dejan ver claro el horizonte desde el cual nos habla el evangelista. Esas cargas conceptuales son engañosas en su gran mayoría, pues nos olvidamos que Juan era judío y profeta, y que Jesús también lo era. Profeta o Nabí, en hebreo es Vidente.


Eso significa que Juan y Jesús nos hablan desde un elevado plano de conciencia, y que su mirada va más allá de las apariencias o de la sombra de las cosas. El amor terrestre es una sombra o un reflejo oscuro del amor divino o del Dios-Amor. La Biblia no es ajena al concepto platónico de la realidad. Y los profetas ya salieron hace rato de la caverna donde están los hombres prisioneros de las imágenes ilusorias que los engañan de continuo.

El autoengaño respecto del amor de Dios o de un Dios que es Amor hace que la gente sufra mucho, pues esperan resultados en la vida que no son posibles y su esperanza o su fe se desploma pues parten de ideas falsas. Dios es el Legislador del Universo y su ley es el Amor. Eso es verdad, pero eso debe ser analizado para que lo comprendamos muy bien. La ley es una Relación de causa y efecto, y Dios es el Relacionante, por eso Jesús dice que el Reino de Dios esta “entre” vosotros, y “en” vosotros, y “con” nosotros. Lucas 17,21.-

Por eso también San Pablo dice que “… nada nos puede separar del Amor de Dios que es en Cristo Jesús, Nuestro Señor”. Por eso las moléculas y los átomos se mantienen juntos y la materia se mantiene cohesionada y los cuerpos existen. Por ese motivo san Lucas dice “en Dios vivimos, nos movemos y somos”. Ver epístola a los Romanos 8,38-39, y Hechos 17,28.-

El Dios-Amor es la infinita sustancia inteligente y ultra-consciente que mantiene unificados todos los planos de la realidad universal o cósmica. Es Fuerza relacionante y unificadora, pero no en el caos sino en el Orden, en la Ley o en el Tao. De allí surge que las formas perversas del amor son lesivas para la unidad interna y externa del universo y de sus creaturas. Es Fuerza Ordenadora y co-hesionante, es luz de vida orgánica y organizadora de la realidad y del ser interno. Y no solo organiza la materia para darle vida, sino que también organiza a los espíritus de los planos invisibles y les hace integrar jerarquías angélicas y estratos de inteligencias ultra-terrenas de mentes maestras.

Esos son los santos o los bodhisatvas, o la shanga o la iglesia invisible de los iluminados de Dios. Están allí para proteger a los hombres de si mismos, de sus ilusiones y pecados, para dar sabiduría y amor verdadero. Inteligencias invisibles ordenadas y ordenadoras, estructuradas y estructuradoras. La Ley eterna dejó, desde el origen, ciertas aberturas interdimensionales para ayudar a los seres humanos y hacer eventuales prodigios que suspenden el ejercicio de las leyes naturales en un cierto lugar y por un cierto tiempo para introducir las leyes de otro cosmos en nuestro mundo. El amor de Dios los sostiene y los inspira. De allí la existencia de lugares sagrados y hombres carismáticos.

El amor de Dios, o el Dios Amor, es inseparable de su sabiduría y de su justicia, por tanto el verdadero amor de los seres humanos se da unido a la sabiduría, a la clarividencia, a la búsqueda de la verdad y del recto sentido de la vida. No en los amores desordenados o perversos y pervertidores. Caridad, justicia y sabiduría han de ir juntos en la vida de cada cual. Como Dios es Uno, los hijos de Dios deben mostrar cualidades de carácter coherentes y unificadas. Un ser desequilibrado y extremista es una pésima imagen de Dios y debe corregirse, lo que no impide que Dios esté presente en los grandes entusiasmos, en las pasiones nobles y honestas, y en los llamados a misiones importantes en la vida. Pero ellas deben ser una humilde ofrenda de amor a Dios y al bien general de la humanidad y de cosmos.

Y deben unidas a la prudencia, a la justicia, a la paciencia, que es otra forma del amor crístico. La pasión humana ha de ir unida a las grandes visiones, a las cosmovisiones espirituales profundas, y a métodos éticos de acción. Si no es así, es necesario purificar los motivos y aclarar el entendimiento. Pues en el nombre del amor se viven heroísmos maravillosos que iluminan al mundo y también los peores vicios y las violencias más extremas se justifican por el amor.

Hasta las ambiciones se justifican en nombre del amor, claro, pues es amor a la materia y al ego propio. Pero no es amor a Dios ni a la esencia divina o al yo real de los seres humanos. El ego inmundo e ignorante es la sombra del yo esencial que es imagen de Dios en el alma. De allí surgen las falsas esperanzas  y los errores existenciales más comunes, los deseos más peligrosos. Durante muchas encarnaciones hemos alimentado un ego demoníaco que es necesario matar o trasmutar, para poner a los hombres en armonía con la Ley de Dios o el Dharma, cuya esencia última es Amor. Pero amor unificado con todas las otras cualidades o atributos de Dios, la justicia, la sabiduría, la fidelidad, la eternidad, inmutabilidad, visión, compasión, prudencia, providencia, creatividad, fuerza, etc.  

De allí que Dios puede ser incluyente y excluyente al mismo tiempo. Puede dar cielo o infierno, puede premiar o condenar, acercar o alejar. Y mueve nuestra voluntad al Bien, y a la Verdad, pero es a Su Bien y a Su Verdad universal y eterna, no la mueve hacia nuestro propio mal, no hacia la drogas o hacia el odio o hacia conductas sexuales sucias o económicas perversas. Y si permite el mal o el dolor es porque la lucha contra el mal o la oscuridad es nuestra responsabilidad, ya que nosotros mismos hemos creado un mundo y una vida personal contrarios a su voluntad. Y nos ayudara a triunfar si armonizamos nuestra voluntad y propósitos con los de él. Eso es lo que prometen y cumplen los libros sagrado a través de todos los siglos.

Educarnos espiritualmente mejor es la clave para servir a los Propósitos del Creador en todos los sentidos, y así no despreciar los esfuerzos de los sabios por la redención del género humano. Dios es amor, pero El no es tonto ni tolerante, es sabio, y su Ley eterna siempre gobernará dando a cada uno la cosecha de lo que haya sembrado en sus mentes, en sus palabras y en sus acciones. Por eso hay que simplificar los deseos y no complicar la vida con tantos refinamientos tecnológicos y comodidades materiales. Eso trae ansiedad, enfermedades, tentaciones  y comportamientos contrarios a la paz y la armonía personal y social, y daña la naturaleza, como todos saben.



Etiquetas:   Religión   ·   Ética   ·   Filosofía
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