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Jesucristo y la Ley de Karma.


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22/01/2014


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Ordinariamente la ley de karma està asociada al hinduismo y al budismo, y para màs remate los comentaristas de la Nueva Era complican el concepto al traducirla como una ley de Causa y Efecto, cosa que es una muestra de ignorancia científica, pues todas las leyes naturales son relaciones de causa y efecto. Lo màs correcto es decir que es una ley de acción y de reacción, pues la raíz sanscrita “kri” indica acto o acción. Bajo otro àngulo se puede relacionar la ley de karma con lo que los teólogos y filòsofos occidentales denominan justicia inmanente, para separarla de la justicia trascendente que se aplicaría a las almas después del tiempo, en la eternidad o en el juicio final. En realidad todos los Evangelios y las cartas de los apóstoles hacen referencia a la ley de karma de modo directo e indirecto.

Los expertos en el karma nos hablan de que todos tenemos un debe y un haber para con Dios y para con el prójimo, Todos tenemos deudas metafísicas de algún tipo, sea por nuestros pecados, o por nuestros deficientes servicios al universo, sea por nuestras omisiones o negligencias, o por nuestras palabras y por nuestros pensamientos. Los orientales nos dicen que el karma se mueve no solo con las acciones físicas, sino con nuestros pensamientos y con nuestras palabras. Aca en occidente la gente piensa màs bien en el efecto de las acciones concretas, pero en la realidad los pensamientos son el origen del karma a nivel humano. Pues esencialmente el karma es una ley mental. Justamente de eso hablan varias parábolas del Evangelio, por ejemplo, la de los dos deudores de Mateo 18, 22 al 35. Y el Padre Nuestro, en el que se condiciona el perdón de Dios al perdón para con el prójimo.

Por eso Jesucristo dijo: “NO JUZGUEIS Y NO SEREIS JUZGADOS, PUES CON LA VARA QUE MIDIEREIS SEREIS MEDIDOS”. He allì la ley de karma en el plano mental y verbal. “No miréis la paja en el ojo ajeno, mirad màs bien la viga que teneis en vuestro propio ojo”. Esas palabras de Jesùs son terribles, pues la mayoría de los humanos viven juzgando duramente al prójimo y se tratan a si mismos con mucha suavidad y dulzura. Duros con los otros, tolerantes consigo mismos. He allí un grave problema kàrmico, social y moral del cual pocos se libran, pues criticar y juzgar mal es un deporte mundial e individual. La prensa, la política, las relaciones familiares, y hasta la economía,  se nutren de esa forma de ser de los seres humanos. Nos gusta emitir juicios libremente pero no nos gustan las consecuencias. Eso es karma.

Nuestras palabras crean decretos kàrmicos positivos y también negativos, nuestras palabras nos limpian y también nos envenenan, e incluso nos condenan. Por eso Jesucristo dice en el cap. 7 de san Marcos “… lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. POR QUE DE DENTRO, DEL CORAZON DEL HOMBRE SALEN LOS MALOS PENSAMIENTOS, LOS ADULTERIOS, LAS FORNICACIONES, LOS HOMICIDIOS, LOS HURTOS, LAS AVARICIAS, LAS MALDADES, EL ENGAÑO, LA LASCIVIA, LA ENVIDIA, LA MALEDICENCIA, LA SOBERBIA, LA INSENSATEZ. Todas esas maldades de adentro salen, y contaminan al hombre”. Y se debe entender que es una contaminación personal y comunitaria, individual y planetaria.

Por eso la Nueva Era se equivoca cuando recomienda baños de esencias florales y rituales para descontaminarse de malas energias. Eso sirve por un  rato, pero la limpieza permanente del alma humana solo se logra con un real arrepentimiento, una metanoia autentica, una verdadera transformación de la mente o del pensamiento, y una reforma conductual que confirme el cambio mental. Asi el mal karma y la contaminación áurica se acaban de verdad. Y eso es la evolución real, la que pocos alcanzan, pues para ella se necesita VOLUNTAD PERSEVERANTE, no solo una momentánea compunción por el pecado propio y ajeno.

Frente a eso lo que llaman “La Era de Acuario y sus energìas benèficas” vale muy poco, pues la Evoluciòn humana y la salvación NO VIENEN DE MODO AUTOMATICO, O SIN ESFUERZO, como se pretende por muchos. Las energìas de las estrellas o del cosmos no ayudan si uno no quiere cambiar. No existe evolución sin esfuerzo o sin dolor. Por eso Jesucristo dice que “ … aquel que perseverare hasta el fin, ese será SALVO”.(Marcos 13,13). 

Karma viene de la Palabra sanscrita Kri, que no solo significa acción como se dijo antes, sino que tiene que ver con el HACER de cada dìa, de còmo actùo a cada momento. Todo hacer o todo actuar humano, sea mental, verbal o físico, va a causar un efecto en el ambiente natural, social, áurico, astral o psíquico, e incluso cósmico. Y el universo viviente REACCIONARA CONTRA O A FAVOR DE NOSOTROS. Por eso Cristo deja dos lecciones muy claras. Una es la famosa Regla de Oro en Mateo 7,12 : “ todas las cosas que queráis que los hombres HAGAN con vosotros, asì también HACED vosotros con ellos. Pues esa es LA LEY y los profetas”.

Y la segunda es un poco olvidada por los maledicientes y por los garabateros impenitentes, en Mateo 12,36-37: “mas YO OS DIGO, que de toda palabra ociosa que hablen los hombres de ella darán cuenta en el dìa del juicio, pues por tus palabras seràs justificado y por tus palabras seras condenado”.  Si, pues esotéricamente las palabras tienen mucho poder creador, para el bien o para el mal. Y las palabras negras dichas como desahogo no serán perdonadas, pues escrito esta que la ira del hombre no hace la justicia de Dios. Como también para Dios y la ley de karma no hay diferencia entre vida pùblica y vida privada. Uno debe ser correcto siempre, no solo en la careta social. Como seres holísticos seremos y somos juzgados como totalidades unitarias. Y hay juicios temporales, de esta tierra, como lo hace la justicia inmanente o el karma y hay juicios eternos o fuera del tiempo.

Eso tiende a olvidarse por la tremenda influencia que tiene en nuestro tiempo la doctrina de la reencarnación, que ha desmerecido el concepto del Juicio final de las religiones monoteístas, pero eso es falso, es un reduccionismo. La ley de karma y la Biblia entera en realidad nos habla de ESTAMOS PERMANENTEMENTE SIENDO JUZGADOS, en la vida misma, e incluso después de la muerte. De allí que se recomienda el Temor de Dios para vivir una vida digna y sabia, justa y prudente, pues nadie escapa a la ley eterna del karma. Ya San Pablo nos dice en los Gàlatas: “TODO LO QUE EL HOMBRE SEMBRARE, ESO COSECHARA”.

Y los karmas no son estrictamente individuales, son holísticos, colectivos, grupales, además de personales. Nuestro karma es un tejido de interrelaciones e interacciones que requiere gran sabiduría para manejarse y liberarse de su influjo doloroso. Hay que ser muy clarividente para tomar decisiones que no engendren consecuencias desagradables para nosotros. Por eso Jesùs quería salvarnos de las garras del demonio y de las garras de nosotros mismos, de nuestra increíble ignorancia y de la horrenda capacidad de hacernos daño a nosotros mismos. Y eso es amor divino y verdadero. Por eso dijo desde la cruz: “PERDÒNALES PADRE, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN”.  



Etiquetas:   Religión   ·   Filosofía
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