La hípica
es un deporte de pasiones, transversal, que es seguido por una incalculable
cantidad de personas en todo el mundo, que nos entrega muchas emociones, alegrías,
triunfos, como así también episodios de profunda tristeza.
Es así
como hace unos pocos días atrás fuimos testigos de la partida de uno de los
integrantes que forman parte de esta. Estos momentos nos recuerdan la
fragilidad que presentamos y en la cual nos desenvolvemos día a día en un
deporte de extremo riesgo.
Cuando
ocurren estos eventos indeseados, es cuando nacen muchas reflexiones que pocas
veces son resueltas. Nos recuerda el peligro que estamos enfrentados, tanto
animales, jinetes, cuidadores, preparadores y veterinarios, en el desarrollo de
esta actividad. Pero hay algo mucho mas importante que nos motiva a seguir en
el desarrollo de nuestra hípica, que es la gran pasión que todos presentan. Una
pasión que envuelve a todos los estamentos, que lleva a tratar de lograr aun
mejores rendimientos, desarrollar campeones y mejores espectáculos. Aquí es cuando
no tenemos que olvidar que en la búsqueda de mejores performances no debemos
superar los límites físicos que tanto el animal como los jinetes presentan ya
que siempre hay que considerar el concepto de que carreras habrán muchas vida
una sola.
Espero
que la partida de otro mártir de la hípica no sea en vano y saquemos todos
lecciones de esta. Lecciones para poder lograr un desarrollo en buena ley de
este hermoso deporte y recordando que tanto los animales como humanos, somos
seres vivos y que por lo tanto tenemos límites y estos no deben ser
extralimitados, ya que de un momento a
otro la vida se encarga de recordarnos lo frágiles que somos.